Sobre mi modo de entender la educación


Estos son los puntos principales que definen mi modo de entender la profesión.

Muchos son fruto de mi experiencia concreta como profesor, y otros son aprendizajes que debo a la vida en un sentido más amplio, muchas veces como consecuencia de darme de cabeza contra los mismos errores una y otra vez, hasta que se cansa uno de que le duela la cabeza.

Muchas cosas las he oído o leído antes a otras personas y, concretamente, varias a compañeros de profesión; pero aprender lo que se dice aprender, no las he aprendido hasta que no las he vivido por mí mismo.

Creo que la mayoría de los puntos serán compartidos por los que nos dedicamos a la enseñanza, pero también asumo que algunos puntos resultarán utópicos, chocantes, polémicos o quizás incluso inadmisibles para algunas personas. Creo que describen adecuadamente el contexto en el que se enmarcarán las demás entradas de este blog y, por tanto, considero que era necesario comenzar por aquí.

Quiero creer que la mayoría de mis alumnos estarán de acuerdo en que, efectivamente, soy así de raro; pero también entiendo que otras personas pensarán que mi comportamiento no siempre es coherente con lo que aquí expongo. A esas personas no puedo más que darles la razón.

Sobre el estar en clase

  • Lo más importante de mi trabajo como profesor es el tiempo que paso en clase. Absolutamente todo lo demás es secundario.
  • La relación personal que se establece con los alumnos es el elemento más gratificante de mi profesión y, por tanto, debo priorizarlo respecto al resto de elementos.
  • El factor principal que condiciona cómo transcurre la clase es el estado mental en que me encuentro durante la misma y es un factor que depende completamente de mí mismo.

Sobre preparar las clases

  • Cuanto más preparo una clase más la disfruto, antes y durante.
  • Soy extremadamente flexible a la hora de aplicar la planificación.
  • Planifico mucho, precisamente porque me permite ser mucho más flexible.
  • Intento no tener prisa nunca.
  • Cierto nivel de presión es imprescindible, pero en exceso genera estrés.

Sobre el aprendizaje

  • Sea lo que sea lo que se esté estudiando, uno puede obtener placer en ello.
  • Si se consigue que los alumnos disfruten aprendiendo, el esfuerzo es mucho menor.
  • El éxito en aprender consiste, por encima de todo, en aprender a disfrutar aprendiendo.
  • La gratificación que se obtiene del resultado final no sirve como sustituto del placer que debe proporcionar el proceso y, en ocasiones, genera estrés y una competitividad destructiva.
  • El esfuerzo es necesario, pero debe ir impregnado de ilusión por lo que se está haciendo.

Sobre la relación con los alumnos

  • No me siento superior a mis alumnos, en ningún aspecto.
  • Soy consciente de que ellos son mejores que yo en muchas cosas.
  • El que yo haya acumulado más conocimientos que ellos (solo en algunas áreas muy concretas) no supone que yo sea mejor (ni más listo) que ellos.
  • Yo no era muy distinto de ellos cuando tenía su edad.
  • No juzgo la inteligencia de los alumnos por sus resultados. Los resultados son algo estático y la inteligencia es un fenómeno dinámico.
  • Nunca miento a los alumnos, ni siquiera en cosas insignificantes.
  • Considero inexcusable faltar al respeto a un alumno: ni gritarle, ni calificarle, ni compararle.
  • Reconozco siempre mis errores: sé que no soy perfecto y no pretendo parecerlo.
  • No soy un modelo a seguir para mis alumnos. Cada uno de ellos es un individuo único e irrepetible, ¿cómo van a seguir un modelo concreto?
  • Si los alumnos siguieran mis pasos, cometerían muchísimos errores estúpidos.
  • El derecho a equivocarse es un derecho fundamental de todos.

Sobre la relación con los compañeros

  • Mis compañeros y yo formamos un equipo, pero eso no quiere decir que tengamos que estar de acuerdo en todo.
  • Coordinarme con ellos en los aspectos técnicos de la profesión es muy importante. Cuidar la relación con ellos lo es más.
  • Mi trabajo no es mejor ni peor que el de ellos, sencillamente no es motivo de comparación.
  • Nadie debe intentar dar clase como la da otro, sino encontrar dentro de sí mismo la forma de dar clase que le produzca una mayor satisfacción.
  • Los alumnos se enriquecen de la experiencia de tener por profesor a cada uno de nosotros, con nuestra formas diversas y complementarias, o incluso contradictorias, de entender la profesión.

Sobre cómo dar clase

  • La principal expectativa que tengo para cada uno de los alumnos, es disfrutar del tiempo que pasamos juntos. Lo demás es parte de un misterio que se irá desvelando día a día y que me perderé si estoy atento a otras cosas.
  • Las normas son importantes. Las personas lo son más.
  • Nunca dejo atrás a un alumno y siempre espero lo mejor de cada uno… quizás hoy no sea su día, pero puede que mañana sí lo sea.
  • Si he trabajado 90 días con un alumno y su calificación final es un suspenso, algo he tenido que hacer mal.
  • No puedo tardar 30 días en enterarme de que un alumno no ha entendido nada de lo que hemos hecho en esos 30 días.
  • No basta con explicar las cosas de un solo modo. Pensamos de formas distintas… a veces hasta límites sorprendentes.

Sobre mi relación conmigo mismo

  • Casi todo lo malo que aprendemos en la vida lo aprendemos de los adultos que nos acompañan cuando somos niños.
  • Debo ser completamente consciente de las cosas que digo y hago.
  • Hago un esfuerzo decidido por mostrarme tal cual soy. Lo voy consiguiendo poco a poco.
  • Cuando uno es feliz, todo cuesta menos esfuerzo, y la única forma de ayudar a alguien a ser feliz, es serlo yo.
  • Si no soy feliz la causa está en mí y solo en mí, y buscar esa causa es el camino más directo a una mayor felicidad.
  • Yo soy el único responsable de mis actos.
  • A veces lo correcto no es lo políticamente correcto.
  • Respetar a otra persona no consiste en esconderle verdades que tiene derecho a oír, pero a veces no somos nosotros quién debemos decírselas.

Sobre mi relación con lo superior

  • En última instancia, mi relación con cada persona es una relación conmigo mismo y con Dios. Cuando me enfado con alguien, ese enfado se produce entre una parte de mí que llamo “yo”, y otra parte de mí que llamo “el otro”.
  • No existe ningún mérito personal en mi trabajo. Simplemente tengo dos opciones: dejar que Dios actúe a través de mí, o empeñarme en hacer las cosas por mí mismo. Cuando me salen mal es porque he escogido lo segundo.
  • El resultado de mi trabajo pertenece al mundo y siempre está en el pasado. Si quedo aferrado a él, me pierdo lo que está ocurriendo ahora.
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Publicado en Filosofía

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