Sobre el estrés en los niños


Quiero citar estas palabras del blog Apego & Asombro que escribe Catherine L’Ecuyer, con las que me siento totalmente de acuerdo (las negritas son mías):

Uno de los principales problemas que existe en nuestro sistema escolar en infantil y en primaria, es que se valora el resultado de los alumnos, no su esfuerzo. Y como los “hitos” se adelantan cada vez más, hay niños que se encuentran en una situación de frustración constante, atrapados en espirales de fracasos que repercutan negativamente en su autoestima y al resto de su recorrido académico. Y esos niños, no son los que tienen problemas de verdad, son niños perfectamente capaces. Los problemas que tienen, se los hemos creado nosotros, porque hemos pedido a su naturaleza que haga cosas que su naturaleza no admite. Como por ejemplo aprender a leer con 3 años, o hacer problemas complejos con 7. Y luego la presión se pasa a los padres, que deben apuntar a sus hijos a extraescolares de matemáticas o contratar profesores particulares en sus hogares para que el niño “vaya al ritmo del resto de la clase”.

Pienso que para alguien que no trabaje en el mundo de la educación los resultados de España en el informe PISA pueden dar a entender que nuestros alumnos no dan un palo al agua, o que trabajan, pero que el sistema y los profesores somos tan malos, que acaban por no aprender casi nada.

Mi tesis es que nuestros alumnos trabajan demasiado y que los profesores están siendo seleccionados por su buena preparación académica y que estos son, precisamente, dos de los factores que están haciendo que nuestro sistema educativo fracase, y me explico.

Desde luego los alumnos trabajan mucho más de lo que yo trabajaba cuando tenía su edad, tanto en clase como en casa. Aunque en su día estudié una carrera, la mayor parte de los puestos de trabajos por los que he pasado han estado directamente relacionados con mis conocimientos de informática, conocimientos que adquirí desde muy pequeño por mi cuenta. Esto fue posible, entre otras cosas, gracias a que mis profesores no me saturaban a deberes y a que mis padres supieron fomentar mis propios intereses.

Como la informática, he aprendido montones de cosas por mi cuenta que jamás se mencionaron en clase o en un curso, he leído montones de libros sin que nadie de pequeño me resaltara la importancia de la lectura, y así podríamos seguir.

Estoy de acuerdo también con Catherine cuando afirma que la sobre-estimulación a la que sometemos a nuestros alumnos les priva de la capacidad de asombro y de la iniciativa para utilizar su tiempo libre en realizar actividades creativas (no dirigidas ni regladas). Al fin y al cabo, los niños siempre han sabido auto-organizar su tiempo libre; aunque parece que, llegado el siglo XXI, por fin vamos los adultos a encontrar la manera científicamente correcta de gestionar el tiempo libre de los niños.

Por otro lado, recientemente, una entrevista al vicepresidente de RR.HH. de Google, ponía de manifiesto las dudas que genera la enseñanza reglada (en concreto el artículo hace referencia a la universitaria) en las empresas más punteras (Google es la empresa más demandada para trabajar):

“Una de las cosas que hemos aprendido tras analizar todos los datos de nuestro proceso de selección es que el expediente académico y la puntuación de los candidatos en los test son inútiles como criterio de contratación”.

Y no está hablando de teoría:

La proporción de trabajadores de Google sin título universitario no para de crecer. “Hay equipos en los que el 14% de los miembros nunca han ido a la universidad”.

Y continúa con esta rotunda afirmación:

 “La gente que tiene éxito en la universidad”, explica el responsable de RRHH de Google, “es un tipo de gente específicamente entrenada para tener éxito en ese ambiente. Una de mis frustraciones cuando estaba en la universidad es que sabía que el profesor estaba buscando una respuesta específica. Puedes limitarte a averiguarla, pero es mucho más interesante resolver problemas para los que no hay una respuesta obvia. Necesitas a gente a la que le guste averiguar cosas para las que no hay una respuesta obvia”.

Con respecto al exceso de trabajo, nos hemos acostumbrado a que nuestros hijos y alumnos trabajen bajo un nivel de estrés considerable. Como los adultos estamos tan acostumbrados a vivir con estrés, nos parece que es bueno que los niños vayan acostumbrándose, progresivamente, eso sí.

Aunque probablemente es pronto para extrapolar las conclusiones científicas, un estudio de la Universidad Rockefeller, Nueva York, establecía una relación directa entre el acortamiento de los telómeros (y por tanto la esperanza de vida, la resistencia al cáncer, etc.), el estrés crónico y la baja autoestima; y hay muchos más estudios similares referidos a los daños que causa el estrés, especialmente en los niños.

¿De verdad queremos que nuestros niños se vayan acostumbrando a que se les acorten sus telómeros, aunque sea progresivamente?

No creo que sea posible, ni conveniente, eliminar todo estrés en la vida de un niño. Creo que son situaciones que deben vivir para aprender a gestionarlo cuando sean mayores, y, por tanto, habrá que acompañarles y hablar con ellos de esas situaciones. Es el estrés crónico el que es perjudicial, pero es que se da la circunstancia de que para algunos niños, es precisamente el colegio el principal factor de estrés.

Mi experiencia me dice que buena parte de la desmotivación escolar que presentan algunos alumnos cuando llegan al final de la etapa obligatoria, tiene que ver con el exceso de trabajo poco creativo, condicionado muchas veces por la excesiva importancia por cumplir con los temarios; la baja autoestima que generan los malos resultados reiterados, siendo generalmente estos lo único que constituye la calificación y la falta de interés por la vida que supone compartimentar y clasificar todos los conocimientos en asignaturas.

Afortunadamente, la experiencia también me demuestra que es relativamente fácil, si uno se lo propone explícitamente, ayudar a los alumnos a recuperar la motivación perdida; pero requiere un enfoque distinto al trabajo que se viene realizando tradicionalmente. No hablo solo de introducir en el aula nuevos recursos, como las TICs, o nuevas metodologías, como el aprendizaje cooperativo, sino, fundamentalmente, de un cambio de mentalidad de padres y profesores que es compatible con el sistema educativo que tenemos ahora, y que nos guiaría en su mejora futura.

Por supuesto, no estoy defendiendo que los alumnos tengan que trabajar poco o que los profesores no tengan que tener títulos universitarios (lo cual en el caso de la educación es un requisito legal para acceder al puesto de trabajo).

Lo que creo es que hay que dar menos valor al trabajo que realizan nuestros alumnos por iniciativa nuestra y mucho más al que realizan por iniciativa suya y, para eso, hay que dejarles más tiempo libre y no pretender planificar su vida desde pequeños.

También creo que los adultos tenemos que desmontar definitivamente la idea de que los títulos y las calificaciones son una medida real de la capacidad de una persona y el objetivo prioritario a conseguir y respetar más la iniciativa y la creatividad de los niños, aunque no produzcan el resultado que se espera.

He encargado el libro de Catherine L’Ecuyer para este verano, ya os contaré qué me parece.

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Publicado en Filosofía

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