Sobre los robots


Supongo que estarán de acuerdo conmigo muchos compañeros de profesión si afirmo que, en este momento, las decisiones educativas de los colegios intentan equilibrar las demandas y expectativas de los padres con los principios educativos en los que se basa su carácter propio.

Es un equilibrio difícil porque las expectativas de los padres están directamente influenciadas por la sociedad y el carácter propio apunta, por el contrario, a construir una sociedad alernativa. Teniendo en cuenta que la natalidad no hace más que bajar, es fácil darse cuenta del sentido en el que se va inclinando la balanza en muchos colegios.

Los padres sentimos la necesidad de asegurar el futuro de nuestros hijos y, dado que la mayoría estamos inmersos en el competitivo mundo laboral, si no desesperados buscando trabajo, es lógico que queramos que nuestros hijos estén, no solo lo mejor preparados posibles, sino mejor preparados que los hijos de los demás. De modo que, si los hijos de los demás saben inglés, los tuyos tienen que saber también francés y alemán.

Dejando de lado el estrés que transmitimos de ese modo a los niños, del que ya he hablado en otra entrada, me gustaría analizar una cuestión curiosa.

Hace pocos meses que Google, en estos momentos la marca más cotizada del planeta, compró las empresas más punteras dedicadas a la robótica. Google es una empresa que busca beneficios, aunque tenga la visión de hacerlo a largo plazo, es probable que con este movimiento la presencia de robots en nuestra vida cotidiana esté más cerca.

Por otra parte, los avances en inteligencia artificial se están sucediendo a una velocidad impresionante. Watson, el software cognitivo de IBM, capaz de entender lo que está leyendo, es ya una realidad que se está comercializando:

Watson is a cognitive technology that processes information more like a human than a computer—by understanding natural language, generating hypotheses based on evidence and learning as it goes.

Es decir:

Watson es una tecnología cognitiva que procesa la información de forma parecida a como lo hace un humano, más que como un ordenador —lo hace entendiendo el lenguage natural, generando hipótesis basadas en evidencias y aprendiendo en el proceso

Y no son los únicos trabajando en este tipo de tecnologías.

Además, la computación cuántica, que supondrá, si alguna vez se hace realidad, un crecimiento exponencial en la capacidad de los ordenadores, promete acelerar el proceso aún más (Google, por si acaso, ya ha sacado un simulador en el que podemos ir aprendiendo a programar un ordenador cuántico).

Es verdad que todo esto no son de momento más que especulaciones, pero, retorciendo el conocido argumento de Sir Ken Robinson en esa famosa charla TED de 2010, los alumnos que acaban de matricularse en los colegios estarán buscando trabajo dentro de unos veinte años (hace veinte años Google todavía no existía) y creo que no es con sus compañeros de clase con quienes van a tener que competir… ¡es con un robot!

Os pido un poco de paciencia para seguirme en mi hipótesis porque, aunque pueda parecer descabellada, creo que permite extraer conclusiones interesantes.

Imaginemos por un momento que es así, que los niños de tres años de ahora tienen que competir por un puesto de trabajo con un robot dentro de veinte años, preguntémonos, ¿qué capacidades le merece la pena desarrollar y en cuáles no va a ser rival para un robot? ¿Cuáles debe desarrollar para ser feliz en cualquier caso?

  • Por definición, creo que no podrán competir en obediencia… a pesar de que se sigue poniendo por encima de la autonomía y el criterio propio. Considero que la obediencia puede ser una necesidad asociada a la gestión del clima escolar, laboral, social o incluso familiar, pero no podemos enseñarla a los niños como un valor en sí mismo.
  • Tampoco creo que puedan competir en memoria… a pesar de lo cual nuestro sistema educativo aún se basa enormemente en la memorización indiscriminada de contenidos. Creo que es fundamental trabajar la memoria, pero bien, no aprender contenidos sin sentido. En otra entrada hablaré del desarrollo de la memoria y de los avances que se están realizando en ese campo.
  • ¿En realizar operaciones matemáticas?
  • ¿En idiomas?

No digo que no tengamos que enseñar a realizar operaciones matemáticas ni idiomas, digo que no podemos hacerlo a costa de estas otras capacidades que, o bien quizás no lleguen nunca a realizar los robots, o, al menos, son imprescindibles para que nuestros alumnos puedan ser felices:

  • La curiosidad.
  • La creatividad.
  • La iniciativa.
  • La flexibilidad mental.
  • El razonamiento crítico.
  • La búsqueda de la trascendencia.
  • Etc.

El problema es que es mucho más difícil trabajar estas capacidades desde el colegio, porque está diseñado como un entorno reglado y sistemático, y estas capacidades se desarrollan en la vida, precisamente porque es caótica e imprevisible.

Por tanto, no condicionemos el desarrollo de nuestros hijos y su felicidad futura a un plan de trabajo que los prepara para un futuro que es totalmente incierto, como si hubieran elegido una carrera universitaria de 20 años. Hagamos, por el contrario, de su infancia y de su juventud una aventura de descubrimiento de la vida en todas sus facetas y dejemos que vayan escogiendo y adaptándose a lo que la vida les vaya trayendo, pues solo en un entorno caótico e imprevisible se pueden desarrollar de verdad la creatividad, la iniciativa y la flexibilidad.

Anuncios
Tagged with: , , , ,
Publicado en Filosofía

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

En Twitter
Entradas recientes
Archivos
Categorías
Estadísticas del blog
  • 4,176 visitas
A %d blogueros les gusta esto: