Sobre los resultados


Conseguir resultados, alcanzar metas, ese parece ser el leimotiv de la educación actual. Partiendo de lo que la legislación exige y de nuestro Carácter Propio, en los colegios hemos escrito documentos que explican qué queremos conseguir, o que nuestros niños consigan, cuando alcancen determinadas etapas y programamos toda nuestra actividad para que todos nuestros alumnos lo consigan.

Desde mi punto de vista, este es otro de los grandes errores de la educación y voy a intentar explicar en esta entrada por qué.

El problema consiste en que cuando uno realiza una tarea por el disfrute inherente a hacerla, es capaz de alcanzar un estado de fluidez, creatividad, goce y libertar que no puede lograr cuando realiza la tarea buscando un objetivo. La orientación de la tarea hacia un resultado entorpece, cuando no imposibilita, alcanzar ese estado de fluidez.

Si yo, por ejemplo, estoy jugando con unos amigos a algún deporte de equipo sin tener en cuenta el resultado (ni la puntuación ni quedar bien o evitar quedar mal ante el resto, porque eso también es buscar un resultado), sin competir, me centro completamente en la experiencia del juego, me sumerjo de un modo que me olvido de mí mismo y disfruto como lo haría un niño pequeño (como de hecho recuerdo que lo hacía de pequeño). Fluyo con la actividad y disfruto sin limitaciones. Sin embargo, si de pronto empezamos a contabilizar el resultado, es muy difícil que pueda disfrutar plenamente de, por ejemplo, una buena jugada del equipo contrario, porque para mí tendrá un valor negativo.

Cuando el niño trabaja para conseguir un resultado ocurre lo mismo. ¿Dónde está el goce de aprender si lo que parece importar a todo el mundo es la nota que sacaré en el examen? ¿Qué valor tiene el juego en un sistema educativo que busca los resultados por encima de todo? ¡Ninguno! El juego se interpreta como una pérdida de tiempo porque no tiene un objetivo planificado (aunque jugar en sí mismo debería ser un objetivo importante) y, en nuestros colegios, todo tiene que estar planificado. A mí me supone un esfuerzo casi diario tratar de reconducir la atención de mis alumnos a la tarea en sí, al disfrute que conlleva afrontar el reto que plantea, porque están a priori pendientes de cómo se examinará eso en el futuro o de si llegarán a estar suficientemente preparados.

Como docente, estoy obligado a evaluar todas las actividades que se realizan en el aula debido a la idea errónea de que, si no se evalúan, el alumno no las va a trabajar en serio. Sin embargo, mi experiencia me dice que es la creatividad y la participación de los estudiantes es mucho mayor cuando están aprendiendo a través de su implicación en el proceso porque se ha fomentado su curiosidad y no están pendientes de la calificación que van a obtener al final.

Lo peor de esta educación orientada a los resultados, es que, por mucho que digamos a los niños que lo que importa es el proceso, el esfuerzo, al final, la realidad es que es el resultado lo único que parece importar al sistema educativo.

Obviamente, la situación empeora si la calificación final se basa solo en el resultado de una serie de pruebas puntuales, pero al respecto de lo que estoy hablando, es indiferente el método de calificación. Yo estoy hablando de aprender por aprender, no de aprender para un objetivo concreto… ni para hacerme mayor, ni para ser productivo el día de mañana, ni para ganarme el pan, ni para que mis padres estén orgullosos de mí, ni para ser el primero de la clase, ni para no ser el último, ni para demostrar lo que puedo hacer… para nada. Disfrutar de la actividad por la actividad en sí misma, sin tener en cuenta el resultado final de la misma, disfrutando del gozo de que mi capacidad se desarrolle a través de la actividad como una expresión genuina de lo que yo soy, y, en la medida de lo posible, siendo consciente de la cómo ese desempeño mío es compartido por otras personas que se enriquecen y me enriquecen en el proceso. Permitiendo que la calidad del resultado sea una consecuencia directa de mi grado de implicación en el proceso.

Si fuéramos capaces de trabajar de ese modo, nuestros alumnos aprenderían mucho más, no se aburrirían y explorarían todas sus capacidades sin que tuviésemos que rompernos la cabeza para conseguirlo; y nosotros, como educadores, nos daríamos por fin cuenta de lo que nos hemos estado perdiendo todo este tiempo, por mirar demasiado a las calificaciones, al resultado.

Anuncios
Tagged with:
Publicado en Filosofía

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

En Twitter
Entradas recientes
Archivos
Categorías
Estadísticas del blog
  • 4,176 visitas
A %d blogueros les gusta esto: